Un vistazo a uno de los lanzamientos más impactantes del año, y el crecimiento de una escena independiente más allá de la barrera del lenguaje.
En 2023, Candelabro publica su álbum debut Ahora o Nunca. El disco de 14 pistas cierra con la oración "Madre, hoy quiero saltar". La banda, compuesta por 7 miembros, plasma en dicho debut la vida del joven chileno, el crecimiento y la introspección en un contexto de pandemia; la quebradiza y emotiva voz de Matías Ávila exclamando entre un mar de olas distorsionadas Indie, sin dejar de lado influencias desde jazzeras hasta punk-rockeras. Una dedicatoria al tímido, al introvertido, y al indeciso. Aun contra los obstáculos de la industria moderna, los chicos se dejaron ver ante ojos internacionales, en gran parte gracias a foros online, como el infame RateYourMusic, donde recibió críticas muy positivas y llamó la atención de miles de usuarios.
La década de los 2020 está marcando un gran crecimiento en la escena chilena independiente. Algo se cuece al otro lado del charco y tenemos la suerte de poder presenciarlo: actos como Asia Menor, que lanzó su debut en 2023 o el reciente Hesse Kassel han alcanzado grandes públicos más allá de su entorno; la explosión de una escena local, marcada por una estética depresiva, que exclama y suplica por un cambio y por una transición política y personal, y una fuerte exploración en la introspección.
En este hervidero, y retomando ya el 2025, Candelabro lanza su segundo disco Deseo, Carne y Voluntad, haciendo visibles, finalmente, hasta qué alturas querían llegar los reclamos con los que cerraban Ahora o Nunca.

Deseo, Carne y Voluntad se presenta con un sample del poema La Bandera de Chile, de la poeta Elvira Hernández. Candelabro no tiene miedo de mostrar sus colores con claridad. En los dos años de “silencio”, la banda ha sufrido una gran metamorfosis fruto de sus vivencias personales. En una entrevista a La Cuarta, comentan: “[…] Las temáticas abordadas tienen que ver con un sentido de pérdida de espiritualidad, con un vacío. También con la incógnita gigante de qué es el chileno en el 2025, en un país tan dinámico, con tantas cosas sucediendo, Chile es una suerte de animal indescriptible, en la paleta económica, política, social, es un país bien particular”.
Para los familiarizados con su debut, puede ser chocante bucear en las letras de Deseo, Carne y Voluntad. La simbología cristiana y su carga en la lírica permanece latente de principio a fin, por un lado, permitiendo dar forma a la introspección y las inquietudes de Matías Ávila, y recuperando el valor que dichas creencias han perdido, ya sea mediante la crítica y la parodia ("Pecado"), o en temas como "Prisión de Carne", donde Matías Ávila exclama en desagradado lo que supone para él su 'cárcel terrenal', y que ve su misma resolución temática en "Cáliz", un encuentro con uno mismo; ambas siendo dos de las composiciones más destacadas de la obra. Aun así, Deseo Carne y Voluntad no deja de ser, al final del día, un regalo para el joven chileno y un retrato de lo que significa la vida en Chile, de la misma manera que lo fue Ahora o Nunca, lleno de guiños y dedicatorias a su cultura, o a grandes influencias de la propia banda, como Los Jaivas.
Siendo Los Jaivas la excepción, lo cierto es que Candelabro no hace tarea fácil entrever exactamente cuáles son las influencias detrás de la obra. Ellos mismos comentan la importancia que ha tenido en el disco la música chilena de los 70’ en adelante: algunas influencias más marcadas siendo Los Tres, Congreso o los Niños del Cerro. Con ello, el “hijo” de los chicos de Candelabro nace de la buena química, de la coordinación entre las aportaciones de los 7 miembros, donde las ideas de cada uno han sido capaces de encontrar su lugar y complementarse. Se pueden ver también grandes influencias de la vanguardista escena de Windmill, con acentuados toques de Indie, Post Rock y Math Rock. Esta amalgama de ideas funciona gracias a que la banda se lanza a extender sus composiciones, dando temas de hasta 9 minutos de duración, donde cada sección de la banda tiene su ocasión para brillar, evitando sobrecargar la producción y ofreciendo una escucha dinámica; pero si algo dejan claro, es que no quieren darle un respiro al oyente.
Más que requerir atención, Candelabro la reclama; cuando crees que les has encasillado, te agarran de manos y piernas y te llevan a territorio desconocido, y no dudarán en hacerlo dos o tres veces más en una misma grabación. Los miembros de Candelabro exploran ideas continuamente, y cuando introducen una nueva sección, comienzan a desarrollar la siguiente, dejando que un tímido riff se cueza en un rincón de tu cerebro, haciendo uso del silencio y las dinámicas para construir in crescendo o, por el contrario, apagar el "ruido". Un ejemplo siendo "Tierra Maldita" o el ya mencionado "Prisión de Carne", donde 7 minutos les bastan para llevarnos a flotar con pasajes jazzeros para luego colgarse una bola de hierro al tobillo, con riffs mucho más cargados y pesados. Otra pieza muy destacable es “Pecado”, impredecible, enérgico, desagradable; un caos donde los claros protagonistas son batería (Franco Arriagada) y bajo (Carlos Muñoz), una dupla capaz de hipnotizar una sala entera por sí sola.
La banda no se prohíbe y no se acobarda. Las instrumentales son grandiosas y emotivas. Varias de las melodías se van a quedar con el oyente tras la primera escucha, y no por ello están carentes del eje experimental que caracteriza a Candelabro. Esta filosofía de construcción está siempre presente a lo largo del disco, quizás siendo esta la clave por la cual el álbum ha triunfado entre un público anglosajón que no entiende ni papa de español (y muchos no son capaces de situar Chile en un mapamundi). En algunos casos juegan con la distorsión y la atmósfera gracias a la dupla sintetizador/guitarra, como en el homónimo o en "Ángel". Dejan florecer su lado más Indie en temas como "Haz de mí" y "Domingo de ramos", o la influencia de los ritmos latinos. "3 Flores Blancas", mucho más minimalista, funciona como puente hacia "Cáliz", el clímax del disco. Los vocales por parte de Matías Ávila y Javiera Donoso, con sus altos y sus bajos (muchos más altos que bajos), complementan a la instrumentación sin eclipsarse y aportan ese disfrute extra para los que se peleen a encontrar el significado tras cada palabra. La banda logra que el contenido de las mismas se sienta fresco durante +70 minutos de obra, dando tregua en temas como "Fracaso" o "Tierra Maldita", donde optan por un enfoque mucho más mundano y concreto, que es de agradecer. Así mismo, se lanzan al territorio del spoken word en "Liebre" con un resultado quizás mejorable, pero que sigue dejando una impresión positiva e impactará a muchos.
El año pasado, la banda comentó como, para poder grabar Ahora o Nunca, Matías Ávila tuvo que vender su guitarra. A la espera de poder grabar Deseo, Carne y Voluntad, la banda se vio obligada a pedir financiación en Catapulta.me (que, por suerte, llegó). Aun con adversidad, el caso de Candelabro es motivo de celebración; un acto que ha conseguido dar el pelotazo a gran escala con una oferta arriesgada y rompedora, y de altísima calidad. Además, durante la redacción de este artículo, se ha hecho pública la noticia de que han fichado por la discográfica española Sonido Muchacho, con lo que, esperemos, tendremos la suerte de verlos de gira por España más pronto que tarde, y nos mantiene expectantes a futuro material.
Deseo, Carne y Voluntad se coloca como uno de los lanzamientos más interesantes de 2025, haciéndose su lugar en la escena chilena y en la vanguardia rockera global. Para muchos que no estén familiarizados con la escena, es una oportunidad perfecta para introducirse en ella. Es de mis mayores recomendaciones del año; una apuesta segura para todo aquel que busque nuevo material, siendo una obra accesible sin dejar de lado su cara experimental, y que recompensará a aquellos que le den varias escuchas.
Highlights: Prisión de carne, Haz de mí, Ángel, Pecado, Fracaso, Cáliz.
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